ESCLAVOS DE NUESTRAS FINANZAS
Muchos de nosotros nos podemos considerar libres de nuestros actos y decisiones pero no nos damos cuenta que somos "esclavos" (en lo espiritual), y esto se puede reconocer cuando notamos que hay algo que ha tomado el lugar de Dios en nuestras vidas.
La esclavitud financiera se hace realidad en nosotros cuando el dinero y las finanzas ocupan toda nuestra atención del día, y esto se va repitiendo en los días, meses y años que siguen quitando el gozo y la prioridad que le corresponde a Dios y a nuestra familia.
Veamos cuáles son los síntomas más comunes de la esclavitud espiritual:
- Preocupación excesiva por las finanzas
La persona en esclavitud financiera está en un nivel de presión económica tal, que no se puede sacar las finanzas de la cabeza. Está en el hogar y está preocupado por las finanzas, está en el trabajo y está pensando en las finanzas, está manejando su automóvil y calculando su estado económico en el banco, come y está planeando cómo hacer sus pagos... Es un manojo de nervios.
- Enojo, ira y mal humor
Como el tema financiero lo acosa todo el tiempo, se pone de mal humor. Grita, está nervioso, se enoja por tonterías y más vale "perderlo que encontrarlo".
- No posee información de sus finanzas
La persona que está en esclavitud financiera no sabe a dónde se le fue el dinero. Llega fin de mes y no tiene idea de cómo se gastó el sueldo. El área de los "gastos generales" es como un gran agujero negro en su universo financiero: el dinero que cae por allí ¡sólo Dios sabe a dónde va a parar! Le caen las "facturas sorpresa" y lo desequilibran. Sabe que su sueldo le debe alcanzar, pero no sabe por qué se "queda corto" cada mes.
Si por algún motivo te sientes identificado con alguno de estos síntomas, créeme que no hace falta que vayas corriendo a internarte de emergencia a algún hospital, pues estos síntomas solo reflejan el mal que tienes y que lo puedes resolver desde el botiquín de tu casa, para ello recibe algunos consejos prácticos de los Primeros Auxilios Bíblicos que Dios te enseña: Primero:
Transfiere las propiedades de tus posesiones a Dios.
No es cuestión de orar y decirle a Dios que toda tu vida es de El. Tú debes empezar a actuar como administrador de los bienes que Dios te dio y no como el dueño de tus propiedades. “El que confía en sus riquezas caerá” (Proverbios 11:28). Dios es el dueño de todo y nosotros sus administradores
Segundo:
Acepte la dirección de Dios en tu vida .
La Palabra de Dios dice: “Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y el te llevara por le camino recto” (Proverbios 3:5-6). Comienza a buscar en la Palabra de Dios (y no solamente en tus asesores financieros), para saber cuál es el camino que Dios quiere que tomes. Permite que el Espíritu Santo te hable, no a través de "sentimientos", sino a través de la Palabra de Dios. Recuerda que nuestro corazón es engañoso. No te dejes llevar por "corazonadas". Asegúrate de que tus decisiones estén cimentadas en la eterna y sabia Palabra de Dios.
Tercero:
Establezca prioridades familiares correctas.
Primero Dios : Recuerda que el Salmo 127:1-2 advierte que a menos que Dios edifique nuestras vidas, estamos trabajando en vano. El segundo versículo dice: "De nada sirve que trabajen de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen". Coloque a Dios en primer lugar en su vida. No a la iglesia ni a las actividades. Su relación con Dios debe ser su prioridad número uno.
Segundo mi cónyuge : Luego de su relación con Dios está la relación con su cónyuge (Efesios 5:22, 25). Recuerde que usted se casó con su cónyuge y no con sus hijos (¡ni con el jefe de su trabajo!). Muchos problemas surgen cuando ignoramos la enseñanza bíblica de que debemos dejar a nuestra madre y a nuestro padre para unirnos a nuestra esposa o esposo como si fuéramos una sola carne.
Tercero nuestros hijos: En tercer lugar está la responsabilidad hacia nuestros niños (Efesios 6:4 y Deuteronomio 6:6-7).
Cuarto esta nuestro trabajo y la iglesia: Finalmente, tu responsabilidad hacia el trabajo (1 Timoteo 5:8) y/o el ministerio (Colosenses 4:17 y 1 Timoteo 3:2-5). Recuerda que si eres ministro, pastor o líder, tu puedes tener una buena familia aunque tu ministerio no ande bien; ¡pero no puedes tener un buen ministerio si tu familia no anda bien!.
No es fácil vivir de acuerdo a prioridades bíblicas. Puede que signifique tener que cambiar de actividad laboral, trabajar menos, recibir menos ingresos, poseer una casa más pequeña o manejar un auto más viejo. Pero si comienzas a vivir con prioridades familiares correctas, si aceptas la dirección de Dios para tu vida y te conviertes en un buen administrador de los bienes de Dios, el tiempo hará que puedas decir con alegría en tus ojos, que no solo eres libre de preocupaciones sino que también eres libre de la esclavitud financiera.
“No olvides mis enseñanzas, hijo mió; guarda en tu memoria mis mandamientos, y tendrás una vida larga y llena de felicidad…”
(Proverbios 3:1)
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